Estoy casada y soy madre de dos hijos. Soy judía, y sostener la vida judía es una parte central de quién soy: de mi historia, de mi presente y de mi futuro. Desde allí se sostienen muchos de mis valores y mi manera de mirar el mundo.
Mi recorrido profesional comenzó en el mundo de la comunicación, donde la palabra fue siempre una herramienta para transmitir identidad, sentido y pertenencia. Ese camino me llevó a vincularme con jóvenes profesionales judíos de distintas partes del mundo, y a ver con claridad una dificultad cada vez más presente: en un mundo hiperconectado, individualista y altamente exigente —donde el trabajo, la profesión y muchas veces la ciudad en la que se vive son cambiantes— generar encuentros significativos y sostenerlos en el tiempo se vuelve cada vez más complejo.
Me interesa especialmente cómo este contexto impacta en la búsqueda de pareja. En los deseos, los miedos y las posibilidades reales de construir una relación sana, armoniosa y significativa.
Creo en vínculos que acompañen el crecimiento individual tanto como la construcción de un proyecto compartido. En relaciones donde dos personas puedan elegirse sin dejar de ser quienes son.
Acompaño la creación de vínculos que puedan transformarse en familias judías, según cada persona sienta y viva su judaísmo: con apertura, autenticidad y respeto. Entendiendo que hoy las formas de amar, vincularnos y construir familia están cambiando —y que pensarlas también es parte del proceso.
Mi trabajo se basa en crear experiencias —individuales y colectivas— que invitan a la reflexión, la conversación y el encuentro, poniendo el foco en las personas, sus historias, sus valores y sus deseos de futuro.
No trabajo con algoritmos ni fórmulas. Trabajo con personas, escucha y vínculos posibles.
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